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El sector campesino, claro perdedor tras el primer año del TLC entre Colombia y Estados Unidos
Especiales - Noticias
Lunes, 09 de Diciembre de 2013 12:00

Fernando Barberi Gómez
Fernando Barberi Gómez, Economista
Un completo estudio realizado para Oxfam de Colombia por Fernando Barberi muestra que el TLC realizado por Colombia con Estados Unidos ha afectado a los campesinos colombianos.

 

Expectativas frustradas
Resumen

El Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos, que entró en vigor hace más de un año , fue el resultado de negociaciones inequitativas, en detrimento del sector agrícola de Colombia en particular. Un estudio encargado por Oxfam analizó los datos disponibles de los primeros nueve meses del Acuerdo e identificó tendencias preocupantes, así como productos agrícolas de la economía campesina expuestos a un mayor riesgo. El estudio examinó un conjunto de indicadores y construyó un índice de riesgos y un sistema de alertas. El lactosuero seguido por el arroz, el maíz blanco, la leche en polvo y la carne de cerdo, son los productos que enfrentan un mayor riesgo debido al aumento de las importaciones procedentes de los Estados Unidos y una caída de los precios de importación.

 

Los resultados del estudio contradicen las promesas anunciadas por el Gobierno colombiano en cuanto a los beneficios del Tratado. En estos primeros meses las importaciones desde Estados Unidos han crecido a un ritmo mucho mayor que las exportaciones a ese país, provocando un deterioro en la balanza comercial. Y el sector campesino colombiano se ve forzado a competir en desigualdad de condiciones con productos que disfrutan de importantes subsidios al sector agropecuario en los Estados Unidos. Como resultado, se prevén importantes caídas en la producción nacional, y consecuentemente en los ingresos de las familias campesinas.

 

Acuerdo inequitativo
Con el envío de varios contenedores cargados de productos textiles y de flores, en mayo de 2012 se inauguraba oficialmente el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y los Estados Unidos. Según sus defensores, una ventana al mercado importador más grande del mundo y una oportunidad para las empresas y la creación de empleo. Según sus detractores, una vuelta de tuerca más en la profunda crisis del campesinado colombiano.

El Acuerdo puso en marcha un escenario de libre comercio con la mayor potencia económica mundial, lo que implica un profundo grado de asimetría: el producto interior bruto de Estados Unidos es 42 mayor que el colombiano; su población, 7 veces más numerosa; su superficie de cultivo, 9 veces más extensa; su producción agropecuaria, 17 veces superior; y su capacidad exportadora 20 veces más potente. Además se trata de un país que concede importantes subsidios a la producción, lo que provoca claros efectos distorsionantes sobre el comercio y los precios internacionales.

Oxfam y muchos otros -organizaciones de productores de cereales, de arroz, comunidades indígenas e incluso empresarios en Colombia-, habían advertido que el sector agropecuario era un claro perdedor en el Tratado. Mientras que Estados Unidos logró mantener su política proteccionista a través de ayudas a la producción, barreras sanitarias y fitosanitarias, así como excluir de la desgravación el azúcar –una baza comercial clave para Colombia- este último sin embargo se vio obligado a desmantelar los principales mecanismos que protegían a sus sectores productivos.

El valor total de las concesiones hechas por Colombia –es decir, el valor del comercio sometido a desgravación inmediata y el valor de los contingentes libres de arancel- superó el valor ofrecido por Estados Unidos. Esta situación, difícilmente reversible, se ha traducido en un mayor acceso de Estados Unidos al mercado colombiano que de Colombia al mercado estadounidense.

Si bien el país ya había reducido progresivamente sus aranceles desde 1990, antes de la firma del TLC con Estados Unidos el sector agropecuario aún contaba con diversos instrumentos de protección como aranceles variables para productos importantes -cereales, oleaginosas, lácteos, carne de pollo y cerdo y azúcar- aranceles elevados para bienes sensibles –arroz, frijol y carne bovina-, cuotas de importación y apoyos directos a la producción, entre otros. Con la negociación del Tratado Colombia accedió a desgravar la totalidad de sus aranceles –en diferentes plazos dependiendo del producto-, incluso en el caso de productos altamente sensibles como la carne de pollo o el arroz, así como a suprimir las principales medidas de protección como el Sistema Andino de Franjas de Precios y el Mecanismo Público de Administración de Contingentes que garantizaba la compra de las cosechas nacionales.

Por si fuera poco, se acordó también introducir una cláusula de preferencia no recíproca en el sector agropecuario, por la cual Colombia debe otorgar a Estados Unidos la misma preferencia arancelaria que negocie con cualquier otro socio comercial, en caso de que ésta sea superior a la concedida en el Tratado. Esto le resta mucha flexibilidad al país para negociar en el futuro acuerdos comerciales con otros posibles socios.

 

La balanza comercial se ha deteriorado
Al comparar los datos correspondientes al periodo comprendido entre junio de 2012 y febrero de 2013 con junio 2011-febrero 2012 se confirma lo que ya había anticipado el estudio realizado en 2009 con apoyo de Oxfam: el intercambio comercial entre Colombia y Estados Unidos se ha deteriorado con el Acuerdo. En efecto, en el intercambio total de bienes, las importaciones de productos procedentes de Estados Unidos se han incrementado, mientras que han disminuido las exportaciones desde Colombia a ese país. Esto ha provocado una caída en la balanza comercial de bienes de más de US$ 3.000 millones -más de un 40 por ciento- al pasar de US$ 7.556 millones a US$ 4.486 millones.

El sector agroindustrial en particular ha sido muy afectado, y las expectativas anunciadas por el Gobierno se han visto frustradas.. Mientras que las exportaciones agroindustriales desde Colombia a Estados Unidos apenas se incrementaron en US$ 21 millones –menos de un 10 por ciento- las importaciones de productos estadounidenses crecieron US$ 348 millones–multiplicándose por 2,5 - (ver Gráfico 1). Esto ha provocado un deterioro espectacular de la balanza comercial para este sector, la cual ha pasado de un saldo deficitario de US$ 17 millones a uno de US$ 344 millones.

En el sector agropecuario, que no incluye la agroindustria, el deterioro de la balanza comercial no es tan acusado aunque también empeoró, al pasar de un superávit de US$ 1.283 millones a US$ 1.057 millones -una caída de más del 17 por ciento-. En contra de lo que ha sostenido el Gobierno, esto no se puede atribuir exclusivamente a los problemas experimentados por las exportaciones tradicionales (café, banano y flores). De hecho, cuando se excluyen estos productos se observa que la balanza también empeoró, pues las exportaciones se mantuvieron prácticamente constantes mientras que las importaciones aumentaron un 24 por ciento.

 

Foto MarcasyMercados.com

 

 

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